miércoles, 28 de abril de 2010

Sin embargo...


¿Qué ocurre? He perdido mi capacidad de hablar, parece que él también. Esto es ridículo. Se acelera nuestra respiración y nos vamos acercando. Doy a mi cerebro la orden de detenerse pero no me obedece.  No soy yo, es otra la que está en mi lugar, hace lo que le da la gana.
Ya no quiero detenerme, nuestros rostros están separados por milímetros, finalmente me abandono, siento el contacto de su boca por primera vez y, joder, tiemblo entera, necesitamos estar a solas, quitarnos la ropa. Nos separamos por miedo a montar un espectáculo allí mismo, respiramos agitados. La pregunta está en el aire ¿Adónde ir?

-Hay un hotel a cinco minutos, dice.
-Vamos, digo.

Nos encontramos en la puerta de la habitación, todavía agitados. Me mira y pregunta si estoy segura. No respondo, sólo abro la puerta y entro, me sorprendo con mi audacia.
Lo que sucede ahí dentro pasa a ser uno de esos momentos que más tarde son añadidos a la lista de recuerdos favoritos, sin embargo, no debería suceder, ninguno de los dos es libre.


Continuará...

4 comentarios:

El futuro bloguero dijo...

Me encanta cuando nos cuentas tus abandonos.

Tendríamos que ser así siempre...

Lunska Nicori dijo...

Uyyy..., lo que me gustan a mi esos momentos...Qué subidón, yo abro todas las puertas pero rápido, después... ya se verá, ¿y si no amanece? Qué va, siempre amanece y con la culpa, el gozo. Gana el segundo en intensidad. Supongo que es cuestión de estar siempre dispuesto a acarrear con las consecuencias, si es que las hay en el mundo exterior....Si es en el interior..., también.
Relato vivo, como todos tus relatos, que respiran solos, como se respira en la vida (bueno, algunas con algo más de dificultad, je,je,je)
Besosssss

WHO dijo...

Directa al grano, ya habrá tiempo para arrepentirse, que no es el caso.
Quedo a la espera.........
Un beso, Who.

Anónimo dijo...

Buen comienzo