martes, 4 de enero de 2011

Lluvia


Su andar era pausado, con un toque de resignación. Sentía su meta muy lejana, para qué apresurarse, nada cambiaría. Soñó un buen rato despierto, su vida era menos mala gracias a sus estupendos y estrafalarios sueños, una hora se convertía fácilmente en un minuto. Deseaba gritar a los cuatro vientos su verdad para escandalizar a todos, el factor sorpresa era una delicia, los rostros demudados, incrédulos. Un perro se detuvo a defecar, sintió cierta dulzura al observarlo, las necesidades corporales lo conmovían a veces, entrega sumisa a inexorables urgencias.
La imagen de aquella vital belleza golpeó de pronto su cerebro, esperaba que el recuerdo permaneciera poco tiempo en él, no soportaba el dolor que producía en su pecho. Una cama blanca, un magnífico cuerpo agitándose, retorciéndose, sentado sobre él, la misma imagen del éxtasis, imponente visión. Desapareció en cuestión de segundos dejándolo a merced de su insulsa realidad, metió suavemente sus manos en los bolsillos, bajó apenas la cabeza y continuó andando mientras sus lágrimas se fundían con las gotas de una triste lluvia.

1 comentario:

Urkatu dijo...

Ojalá pudiéramos dominar nuestros recuerdos, pero lo que se nos queda grabado... es difícil de sacar por mucho que queramos. La inquietud que no pueda provocar, aparecerá en los momentos críticos.

feliz año y un saludo.