domingo, 8 de febrero de 2009

Amor engañoso.

La entrada de hoy esta especialmente dedicada a Sandra Lustgarten, autora de este artículo. Hace unos días he tenido el gran placer de intercambiar un par de correos con ella, cosa que me ha hecho muy feliz ya que admiro mucho su trabajo como psicóloga y escritora. Seguiré publicando sus artículos con su consentimiento; creo que son tremendamente útiles para hacer un profundo análisis de nuestro comportamiento cuando estamos en pareja. Desde aquí Sandra, un cariñoso saludo para ti.


CUANDO EL AMOR ES ENGAÑOSO.


¿Cuántas veces estuvimos convencidos de que amábamos a alguien, sin darnos cuenta de que eso no era amor? Podría ser capricho, obsesión, temor a enfrentarse con la soledad, ambición, etcétera...
Intentamos convencernos de que estamos enamorados pero cuando se nos pregunta qué es lo que te hace amar a esta persona, no tenemos la respuesta, porque esa persona de la que creemos estar enamoradas no hace nada para merecer nuestro amor. Nada nos gusta, nada nos conforma, simplemente no toleramos haber fracasado en la elección y por diferentes motivos seguimos testarudamente intentando que funcione lo que nunca funcionará. El sentimiento que experimentamos no es amoroso sino de espera incondicional de un detalle, de una cuota de atención, y la respuesta a nuestra entrega en general es negativa y malintencionada.
Ostentamos una frondosa imaginación y fantaseamos creyéndonos completos porque amamos a quien en realidad no amamos. Convencidos de que nuestro sentimiento es amoroso y tierno, así esperamos eternamente la respuesta acorde a lo que entregamos.
Olvidando todas las veces que interactúan al mismo tiempo sentimientos contradictorios por no sentirnos correspondidos, ocultamos aspectos que nos disgustan, sobredimensionamos atributos en el otro, y seguimos albergando expectativas sobre lo que nos ha frustrado, con proyectos poco confiables, que no se concretarán con quien elegimos porque no tiene el perfil que acompañe nuestros ideales.
Nos mentimos, creemos lo que queremos creer, vemos sólo lo que queremos ver, aquello que puede desmoralizarnos lo tapamos, nos conformamos con lo que tenemos, aceptamos lo que nos dan, etcétera: y perdemos las pocas posibilidades que tenemos de ser felices, amados, reconocidos y de encontrar en el camino algo más prometedor y cercano a nuestros ideales.
Nos empecinamos en conseguir a quien creemos que amamos, pero en realidad no amamos, confundimos la atracción, creemos porfiadamente que podemos cambiar al otro con nuestro amor intenso.
Creemos que es amor, sin embargo el amor es diferente, se destaca por su transparencia, claridad, y solemos obviarlo, porque caprichosamente queremos conseguir lo imposible, lo inaccesible. Basta con que sepamos que es difícil de "enganchar" para que sea atractivo, para que se convierta en aquello que ganarlo nos lleva a sentirnos realizados en cuanto a lograr la meta, aunque implique una batalla, nuestra estima está bajo cero, no aspiramos a nada más que a tener esta cuota de compañía, una mentira piadosa, nos conformamos aunque sepamos que nos traicionamos a nosotros mismos.
Le otorgamos connotaciones importantes a aquello que quizás no tenía real importancia. Detrás de este autoengaño sabemos que se relaciona con lo que nosotros hacemos para sentir amor, con todo lo que luchamos para fabricar sentimientos hacia alguien que no es merecedor de los mismos, y nos autoconvencemos. Somos tan buenas que amamos aún con la indiferencia del otro, somos tan complacientes que no somos exigentes y perdemos el registro propio sobre lo que nos provocan las conductas desconsideradas del otro.
Nuestra escala de valores sobre lo que es importante en una relación amorosa ha cambiado y ya no tenemos tantas pretensiones como antaño, ya no exigimos, no esperamos nada, lo que nos den está bien con tal de sentirnos acompañadas -aunque sea mal acompañadas-, creemos que algunas respuestas se deben a un tema de educación y dejamos de tener en cuenta los verdaderos valores predominantes para elegir una pareja. Los excesos con la tolerancia, o el deseo de preservar la relación nos lleva a restar importancia a experimentar un sentimiento auténtico, a dejar de lado el desaliento, a ser optimistas acerca de nuestro futuro.
Estamos permanentemente atentas en tapar las faltas del otro, y hacemos a un lado las nuestras, creemos que ganaremos el Premio Nobel, ¿a qué?, sin lugar a dudas a las desahuciadas.
Es que tenemos tanta necesidad de volcar afecto que no importa a quién, a dónde, ni en qué circunstancias lo hacemos, ni si quiera nos planteamos por qué cedemos, amamos sin establecer condiciones y creemos que por eso nos merecemos en algún tenerlo todo, creemos que seremos premiadas con el amor incondicional del otro, quien no demuestra el mínimo interés en cuidar y resguardar nuestro amor.
Poder reconocer que eso no es amor verdadero, porque no podemos amar a otro sin amarnos a nosotros mismos, sin importarnos el dolor que el otro nos causa, no sentimos que sea valioso lo que podemos dar. Desvalorizamos el sentido del amor, no medimos el valor que tiene enamorarnos y no evaluamos.
El amor no se razona, el amor no se piensa, el amor no se impone, si cierta actitud me provoca celos, si verlo me hace sentir feliz, si lo extraño o lo pienso más de la cuenta estoy enamorada, aunque estuviésemos más cerca de una dependencia afectiva, o de la costumbre, o de la necesidad de estar acompañada, etcétera, si mi amor es intenso y fuerte puede sostener cualquier relación. Amar a quien no le interesa ser amado por uno lleva a la desesperanza, arriesga la salud psíquica, frustra y lastima.
Amar al equivocado nos aporta un gran vacío, la decepción al final del camino. ¿Por qué no hacer una lista de lo que necesitamos para enamorarnos y pensar si el otro lo puede ofrecer?: captar perceptivamente las barreras de quien no puede enamorarse para protegernos no sirve.
El amor primero es hacia uno mismo, de lo contrario no podemos amar a otro, sólo podemos construir un amor engañoso, traicionándonos.

11 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

que placer leerte siempre.

eres un encanto


saludos fraternos

TitoCarlos dijo...

Particularmente no he sufrido más, como cuando estaba enamorado. El amor es, también, dolor en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, a la pregunta de qué se prefiere, amar o ser amado, a nada que se piense se elige amar, quizá por terror a la posibilidad de no amar a nadie.
Creo que solo tienes la certeza de que amas a alguien cuando al no ser correspondido, sigues amando.
Tu blog, muy didactico en lo personal.

Andrea dijo...

Los piropos siempre son bien recibidos, gracias Adolfo. Un beso.

Andrea dijo...

Tito, la certeza la tienes cuando no eres correspondido y sigues amando, es verdad, pero tambien cuando eres correspondido, lo sientes en las entrañas. Hay una frase de una canción no recuerdo de quién que decía, 'no hay miedo mas grande que el que se siente cuando no se siente nada', cuando nos aterra no-sentir, decidimos sentir como sea verdad? Un abrazo, me alegra que mi blog te resulte didáctico.

cristal dijo...

Me ha gustado el artículo sobre una de las realidades más complejas de nuestra vida. Hablar del amor, hacer su autopsia es siempre arriesgado, pues hay demasiadas clases de amor, aunque para mí la incondicionalidad, el amar a pesar de...incluso sin ser correspondido, me parece la prueba más clara del amor. Sin embargo creo que lo que predomina es amarse a uno mismo y, como mucho, la imagen que de nosotros mismos refleja el otro. Muchas veces nos enamoramos así, en espejo, mientras el otro nos devuelve una imagen amable de nosotros mismos, cuando el otro se cansa y no nos gusta la imagen que nos devuelve, vamos en busca de otro espejo. Al menos es como yo lo veo. Un abrazo fuerte

moderato_Dos_josef dijo...

Por desgracia hay amores enfermizos, creo yo y amores sanos. Enfermizos acaban siendo los no correspondidos, sanos los correspondidos. Pero también un amor sano se puede convertir en un amor enfermizo. Yo creo que lo malo del amor es que a su término, existe el desamor y el sufrimiento. No he conocido un sólo amor que haya terminado sintiéndome bien y pletórico. Al final de cada amor me he sentido o vacío, o defraudado, o realmente enfermo. Enfermo me sentí cuando amé sin ser amado e hice todo lo que estuvo en mi mano por ser amado por la persona a quien "deseaba." Fue entonces cuando el amor dejó de serlo, y se convirtió en deseo, en ansiedad, en fatalidad. Por cierto, yo hablo en términos de hombre y mujer, y no sólo de mujer, como esta redactada la carta; puesto que pienso que para ambos sexos ocurre lo mismo, porque el amor al fin y al cabo es una enfermedad o un placer o una delicia o una desdicha, tanto para hombres como para mujeres. Un defecto del amor es el capricho, puesto que muchos se enamoran por puro capricho, y su virtud, dar la vida por quien amamos si lo amaos de verdad. Cuando el amor es correspondido entonces es cuando el amor es capaz de romper todos los esquemas y traspasar los muros y paredes de la razón para volverse en un bloque de férrea compenetración y sentimientos por los seres que lo comparten. Entonces decimos o es posible afirmar que hemos encontrado a nuestra media naranja. Un abrazo!

Andrea dijo...

Cristal, solemos vernos proyectados en el otro, nos vemos con sus ojos, pero eso suele suceder al comienzo de una relación, cuando todo es nuevo y la ilusión es grande, luego el tiempo va acomodando a cada uno en su rol, y comienzan a verse las actitudes 'reales' de cada uno, es ahí donde podemos hacer un balance y decidir si queremos o necesitamos buscar otro espejo verdad? Un abrazo.

Andrea dijo...

Moderato no tengo nada que decir ante tu descripción tan clara del amor enfermizo y el amor sano, es asi de simple y complejo a la vez. También tenemos el deseo claro, protagonista de toda historia de amor que se precie, que nos hace ser ciegos y egoístas porque es difícil controlar nuestro instinto, el cuerpo habla, y nos hace suplicar internamente que eso que sentimos no acabe nunca, pero por suerte acaba y esa ansiedad que nos consumía se apacigua verdad? Un abrazo para ti también.

Mariana Castrogiovanni dijo...

Por la gran labor realizada en el blog has ganado el Premio al esfuerzo personal, puedes pasar por
http://psicogym.blogspot.com/2009/02/premio-al-esfuerzo-personal.html
a retirar tu premio.
Enhorabuena!!!

Andrea dijo...

Gracias Mariana! Me hará mucha ilusión colocarlo en mi blog. Pasaré mañana a recogerlo. Un abrazo enorme para ti!

Majo dijo...

Hola, he descubierto este blog por casualidad, y entro aquí a decirte que felicites a la autora de ese texto. Me parece que en toda mi vida había leído de forma tan clara y precisa lo que me sucedió a mí en una etapa de mi vida.

Como conozco la tremenda frustración que causa, y cómo hace caer la autoestima en picado, se me ha erizado el vello al ver escrito todo lo que, en el fondo, pasaba por mi cabeza.

Y pensé todo el tiempo que aquello era amor. Visto de lejos es una cosa, pero qué duro es pasarlo, ya lo creo.

¿Qué deberíamos hacer para no obsesionarnos con alguien? ¿Se puede frenar el proceso? Ser conscientes de que entramos en esa espiral de no-correspondencia adictiva y no volver a entrar en ella sería algo tremendamente positivo.

Un abrazo.