miércoles, 24 de septiembre de 2014

II

Quisiera poder con todo. Ya casi no me apetece hablar, el verbo hacer me llama más. No me escondo, ocurre que se me acabaron las palabras. En el fondo es un alivio. Tantas palabras no hacen bien a nadie. Lo que me fastidia del acto de escribir es su ambivalencia. Cierto es que te otorga agilidad mental. Te mantiene activo. Pero no soluciona nada, no cambia nada. Tu vida seguirá siendo lo que es por mucho que te empeñes en escapar a través de esta herramienta. Qué gano escribiendo cosas que surgen de instantes, estados de ánimo, ideas abstractas, inspiraciones fugaces o sencillamente de delirios íntimos? En realidad me da igual, es casi un acto reflejo. También me da igual que no me entiendan, casi lo prefiero. Explicar lo inexplicable no tiene sentido. Además, en ocasiones mis letras hacen que me sienta desnuda porque no se me da bien limitar mi transparencia. Pero eso no es extraño, algunos somos tímidos, el pudor actúa a su manera. Llega un momento en el que te centras en las cosas positivas por necesidad. Con la salud no se juega. Llega un momento en el que te das cuenta que la cuenta atrás empezó hace rato. Habitas un mundo absurdo. Padeces penas ajenas desde que amaneces. Sólo se trata de aplicarse el cuento hasta el final del ciclo que llamamos vida. Ocurre que me gustan demasiadas cosas y no quiero prescindir de ninguna. Ocurre que dedicación es una actitud que respeto porque va de la mano de otra llamada obsesión. ¿Existe el arte sin obsesión? Tal vez, pero en mi caso, no.


2 comentarios:

Juan Pan dijo...

Muy cierto lo que dices, me sucede los mismo: por mucho que escribo no soluciono el problema que me embarga y me impide ser plenamente feliz.
Gracias por compartir. Saludos.

Alaη● dijo...

Excelente descripción. Me sentí identificado de principio a fin. Me quedé pensando en muchas de las cosas que manifestaste.
“Lo que me fastidia del acto de escribir es su ambivalencia.
¿Existe el arte sin obsesión? Tal vez, pero en mi caso, no.”
Saludos!