lunes, 19 de enero de 2009

Olvidar?

Aquí les dejo un artículo de la Psicóloga argentina Sandra Lustgarten. Suelo leerlos con frecuencia ya que aborda los problemas de pareja mas frecuentes con seriedad y realismo.

Hay cosas que suelen ser inexplicables, por ejemplo aquello referido a los sentimientos, la imposibilidad de olvidar amores que han dejado huellas importantes en nuestra vida. No siempre nos sentimos preparados para volver a enamorarnos, y cuando lo hacemos "la no correspondencia" nos desespera, ya que nuestra impresión es que no volveremos a sentir una emoción tan fuerte como la experimentada.
A veces sentimos un gran amor pero en la convivencia reconocemos una dificultad para sobrellevarlo: sabemos que estamos enamorados, pero que algo impide una relación satisfactoria. Aparecen situaciones de distanciamiento y debemos renunciar a lo que sentimos en pos de conseguir el equilibrio psíquico necesario para poder vivir pacíficamente, entonces nos repetimos que debemos separarnos, que la relación no funciona aunque exista el sentimiento amoroso.
Hacemos la prueba de olvidar y ponemos distancia, sentimos que podremos con esa lucha interna que nos lastima, que se vive como fulminante, el pensamiento se torna obsesivo y es como una gama de recuerdos y vivencias que afloran volviendo latentes todos los sentimientos amorosos y tiernos hacia la persona que pretendemos olvidar. Entonces se vuelve palpable esta dificultad de renunciar, nos amargamos porque nos damos cuenta que no será fácil, que cada minuto, cada hora se vuelve interminable: nos hace falta el otro.
Pero si juntos no podemos sobrevivir, porque separarnos se vuelve una agonía, porque no podemos mitigar el dolor de su ausencia y se traspasan los límites de la cordura, nos vemos cometiendo conductas casi desbordadas, intentando malabarismos que apuntan al encuentro, sofocando al otro, en un desesperado intento por sostener lo que sentimos irremediablemente perdido.
Dime en que rol te ubicas y te diré como terminarás
Casi inconcientemente nos volvemos seres que suplican, mendigos de un amor, nos resistimos a los hechos y pretendemos que la lástima y la humillación vuelvan la mirada de quien ya no está dispuesto a continuar con la relación. Más insistimos, menos conseguimos, fortalecemos el ego del otro, aumentamos su autoestima, nos corremos del objeto del deseo y logramos la conducta contraria con los efectos inesperados. El otro se vuelve una fortaleza impenetrable, nos desprecia más, se siente amo y señor de la situación y entonces sin entender la conducta humana no nos queda otra opción que salir de su camino.
Si accedemos, en cambio, y dejamos que el tiempo motive la inseguridad, que los sentimientos fluyan, que la curiosidad se entrometa, entonces el otro podrá reordenar su mente, encontrar las causas, conectarse con sus propias emociones y solo quizás vuelva a querer comprobar si puede existir la posibilidad de otra posibilidad, valga la redundancia.
Hay un viejo dicho: "El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen". La mayoría de las veces mi teoría ha sido confirmada en la experiencia. Un paciente en una sesión me dijo: "¿Cómo voy a extrañarla, si no se deja extrañar?". Y sin duda suele ser bastante acertado: aquello que se consigue fácilmente pierde su encanto. Los desafíos siempre son más disfrutados, sé que no es fácil darse por vencido, resignarse al fracaso, aceptar la pérdida, elaborar el duelo, son situaciones que exigen una gran fortaleza del yo, el dolor que se experimenta a veces se vuelve intolerable, pero considero que no hay nada más frustrante que la aceptación de una relación condicionada o que el sentimiento no sea recíproco, implorar un afecto que no se exhibe, etcétera.
Olvidar no es la idea, las relaciones no se olvidan, siempre se guardan los recuerdos positivos y amorosos, las experiencias sanas. Simplemente hablemos de aceptar que no siempre todos conservamos ciertos sentimientos, que el amor fluctúa, que es probable que se pierda la pasión y que se diluyan los efectos del amor, pero es lógico que los recuerdos no se borren ni desaparezcan mágicamente. Es común añorar ciertas cosas de la persona que nos acompañó durante una etapa de nuestra vida, no olvidemos, intentemos conservar aquellas cosas que nos sirvan y refuercen nuestra experiencia para el mañana.

Un saludo.

6 comentarios:

amor dijo...

"El que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen".

eso me ha gustado

un beso

Elisa dijo...

Muy didáctico la verdad...aunque -en mi caso- el problema está más ubicado en la desorientación de la pasión...brrrr...que jaleo!
un besazo

Andrea dijo...

Hola amor, es un buen dicho, y muy cierto además. Un beso para ti también.

Hola Elisa, ya publicaré algo que aborde ese tema también. Un beso gracias por la visita.

amor dijo...

andrea, estoy pidiendo apoyo en mi blog para una amiga que ha sufrido una injusticia

un beso grande

santi

Raúl Sánchez Quiles dijo...

Uy, el amor y los recuerdos... vaya mezcla peligrosa. No sé, la verdad es que aún no tengo claro por qué siempre borramos todo lo de los amores pasados (fotos, cartas, recuerdos...). No sé por qué se hace, pero se hace y a mi hasta me ha funcionado. jejeje.

Un saludo de Hiperbreves S.A.

coco dijo...

Ni contigo, ni sin ti. Me ha parecido un artículo genial. Gracias!